Cultivar un árbol de kiwi en maceta requiere atención al sustrato, riego, iluminación y poda; estos cuidados facilitan su crecimiento y la producción de frutos saludables.
soyjardineria.com El árbol de kiwi es una planta trepadora que puede adaptarse bien al cultivo en macetas, siempre que se proporcionen las condiciones adecuadas. Para obtener frutos y mantenerlo vigoroso en espacios reducidos, es fundamental elegir una maceta lo suficientemente grande y utilizar un sustrato bien drenado que retenga la humedad pero evite el encharcamiento. Su sistema radicular necesita espacio y aireación para desarrollarse correctamente.
Elección de maceta y ubicación
Una maceta con buen drenaje y un tamaño mínimo de 40 a 50 centímetros de diámetro permite que las raíces se expandan sin estrés. Evita recipientes demasiado pequeños, pues pueden limitar el crecimiento y afectar la producción. La planta requiere sol directo al menos seis horas al día para crecer bien y fructificar, aunque en climas muy calurosos es recomendable que reciba sombra parcial durante las horas más intensas.
Coloca la maceta en lugares donde el aire circule, pero protegida del viento fuerte que podría dañar las ramas. El control de la temperatura también es relevante: durante el invierno, si la planta está en zonas con heladas, conviene trasladarla a un lugar protegido o cubrirla con un velo antiheladas para evitar daños.
Riego y fertilización adecuada
El kiwi necesita un mantenimiento constante en cuanto al riego. Hay que mantener el suelo húmedo sin saturarlo para evitar la pudrición radicular. Regar cuando la capa superficial del sustrato está seca es una buena práctica, adaptando la cantidad según la época del año y la temperatura ambiental. En verano puede demandar más agua, mientras que en invierno la frecuencia disminuye.
La fertilización debe hacerse en primavera y verano con abonos equilibrados y ricos en potasio para favorecer la formación de frutos. Se puede complementar con abonos orgánicos que aporten materia orgánica y mejoren la estructura del suelo, lo que es fundamental para un cultivo en maceta porque el sustrato se agota con el tiempo.
Poda, soporte y polinización
La poda es necesaria para controlar el tamaño de la planta y estimular la producción de brotes fructíferos. Se podan las ramas secas y las que crecen desordenadamente, así como se limitan las nuevas ramas para que la planta concentre energía en producir frutos. La estructura debe orientarse para que crezca en forma de enrejado o espaldera, facilitando la ventilación y el acceso a la luz.
Al tratarse de una planta dioica, es decir, con individuos masculinos y femeninos separados, es indispensable contar con al menos un ejemplar de cada sexo para que haya polinización cruzada y se produzcan kiwis. Si el espacio es reducido, también es posible encontrar plantas autopolinizantes, pero son menos comunes y suelen producir menos fruta.
Aunque no es una planta exigente, es frecuente que las raíces se compacten con el tiempo en la maceta. El recambio periódico del sustrato o el trasplante a un recipiente mayor cada dos o tres años previenen este problema. Durante la época de reposo, en otoño e invierno, conviene reducir la cantidad de agua y detener la fertilización para que la planta entre en descanso.